Mi voz tenia nuevas esperanzas.
- ¿Qué? – me contestó mirándome con sus preciosos ojos
azules a los míos.
- Me has salvado la vida, otra vez.
- Lo sé. Pero no le des importancia, por favor princesa.
Sabía que vendrías. Eres así de cabezota.
- Eh! – nos reímos.
- ¡¡¡¡PIUN PIUN!!!! – se oyeron los disparos.
- ¡Corre Dani que nos alcanzan!
El caballo se tropezó galopando con una rama. Caímos al
suelo. Sin duda, empezaba a odiar las ramas.
Nos pararon.
- ¿Quiénes sois? ¿Cómo os llamáis intrusos? – dijo una voz
firmen casi bien gritándonos.
- Daniel.
- Marta. – tenía muchísimo miedo.
- Muy bien. Fusilarlos.
- Pero sargento James, no nos quedan fusiles. – oí decir
desde lejos.
- ¿Sargento James…? – no podía ser, ¡mi padre!
- Qué quiere usted ahora.
- Soy Elisabet, papá, Elisabet James.
Sus ojos se iluminaron. Los míos también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario