Un montón de soldados se precipitaban ante mí con sus
ligeros caballos. No tenía otra escapatoria que huir o esconderme. Así que
corrí lo más rápida que pude.
Entonces, me tropecé con una rama. Intenté levantarme pero
no pude. Me había roto el tobillo. En ese preciso momento, supe que estaba
perdida.
Estaban a punto de alcanzarme. Pero, sucedió lo inesperado. Algún tío valiente me
recogió con su caballo. Me salvó la vida.
- Si tú caes, yo caigo mi princesa. – esa voz no era nueva
para mí.
Entonces, se giró hacia mí, y me besó.
- ¿Dani…?
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