La guerra nos hacía más débiles. No había dinero, no había
comida, no había NADA.
Dani estaba leyendo el periódico.
- Marta no podemos seguir así. A este paso nos quedaremos
sin nada.
- Ay, cariño ya he oído demasiadas veces la palabra “nada”.
Hay que tener esperanza.
- Tendremos que mudarnos.
- O montar un negocio. No quiero mudarme, hemos tenido muy
buenos momentos bajo esta pequeña casa de madera. Podíamos montar un
bar-restaurante fuera al campo.
- Tienes razón, corazón.
- Te quiero.
- Y yo a ti.
Y seguidamente me besó. Llevaba mucho tiempo pensando una
cosa… Mucho tiempo. Y me decidí a decirle.
- Dani, quiero tener un hijo.
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