Hice lo correcto. Fui a buscar a mi padre entre las altas
hierbas, y corrimos lo más rápido que pudimos. Correr no tuvo resultado.
- ¡UN, DOS, UN, DOS, UN DOS!,... - me despertaron estos gritos. ¿Papá…? ... ¿Papá
dónde estás?
No podía levantarme. Estaba atada en un tronco. Eso era
mucho para una niña de 6 años.
Pasaron los años… Y pasaron aún más… Pero mi vida no iba más
allá de estar atada a un tronco, casi sin comida. Por entonces tenía 14 años.
Hacía 6 años que no veía a mi familia. Ni tan sólo tenía amigos ni amigas.
- Señor, han pasado los años cumplidos. Libere a la niña. –
susurró un hombre.
- No. Retírate. – esa voz no era nueva para mí. Me sonaba de
algo… Aún no lo sabía, pero lo averiguaría.
Pasaron dos días. Era de noche. Entonces oí unos pasos que
se acercaban a mí. Vi una sombra. No sé por qué pero sentí que era buena señal.
- Psssssssst. – oí una voz susurrar.
- ¿Quién es? – pregunté insegura.
- Psssst. Ven conmigo.
- Estoy hatada.
Sacó una navaja y me liberó. Después de seis años. Corrimos
hasta los prados.
- Aquí estarás a salvo.
- Em… Gracias. ¿Cómo te llamas…?
Se sentó junto a mí, mirando la luna. Echaba mucho de menos
a mi familia.
- Sé lo que se siente.
- ¿Qué?
- Al perder a una persona querida.
Me quedé embobada. Nos miramos fijamente, no sé cuanto
tiempo había pasado… Pero me sentía bien con él.
- Me llamo Dani. – dijo él acercándose más a mí.
- Elisabet.
Y ahí nos quedamos, frente uno al otro, mirandónos a los
ojos, nuestros labios frente al otro…
Creo, que había encontrado el amor. ♥
No hay comentarios:
Publicar un comentario