domingo, 29 de julio de 2012

MI HISTORIA, CUÁNDO YO TENÍA DOCE AÑOS: SEGUNDA PARTE


El siguiente día hacía un tiempo espléndido, ya sabéis, ese tiempo que no hace ni demasiado frío ni demasiado calor, ni mucho bochorno, ni mucha humedad. Había un sol radiante, todo estaba verde y los pájaros volaban y cantaban. Me vestí, me puse el abrigo y salí de casa.
“¡¡¡¡Aaaaagghh!!!!” – grité. “¡El sol, me quemo!”
Fui hacia casa corriendo. Estaba muy asustada. Me senté en mi sillón y estuve pensando toda la tarde. “¿Cómo me puede pasar todo esto a mi?” – me pregunté a mi misma muchas veces. Pero después de darle tantas vueltas al tema, decidí hacer un resumen de todo lo que había pasado los días atrás. {Olí y tasté un líquido sin leer la etiqueta del producto, no tenía hambre, pero en cambio en ver la sangre del bistec, tuve la tentación, y la chupé toda. Después me sentía como si me hubiera comido una vaca entera. No tenía sueño y me molestaba muchísimo el sol.}
Pensé: “Ha de haber alguna forma o solución para esto”. Fui al laboratorio a hacerme pruebas.
Hice la prueba, puse la sangre en un porta objetos, puse el cobra objetos encima de la prueba, y lo coloqué al microscopio. Miré por el ocular, pero no se distinguían de qué tipo eran las células. No eran las mismas que las de los humanos que miré ayer. Comparé la muestra. Giré el tornillo macro métrico, hasta obtener una buena calidad de imagen. “No. No puede ser” – grité.  Busqué en internet: Células humanas. Me salían las mismas imágenes a la muestra del otro día en clase. Al lado de la imagen de la célula humana, ponía: “Célula mítica”.
“¿Célula mítica?” – me pregunté. Por curiosidad, la comparé con la mía. No respiré por al menos un minuto. “¿Qué tipo de célula mítica es esta? Yo tengo la célula humana, no la mítica”.
Puse la página web de la imagen, y ponía lo siguiente: “Células míticas de criaturas fascinantes. Célula de zombi. Célula de momia. Célula de hombre-lobo. Célula de vampiro”.
La que yo había estado observando antes era la célula de vampiro. Eran absolutamente iguales. “Madre mía. Esto es imposible. No es real. No existe. No puede ser, ¡soy un vampiro! – grité asustadísima.

Continuará...

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