Fui corriendo a esconderme bajo el sofá. Mi hermano no se
reflejaba en el espejo… Al igual que a mí.
- ¡Abigaíl! – gritó mi hermano, parecía preocupado.
Entonces, me puso la mano en mi hombro. Me asusté y me defendí al igual que él.
- ¿Eres vampiro Jan? – le pregunté.
- Más o menos. Soy candidato. – me dijo ya más relajado.
- ¡Yo también! ¿Des de cuándo eres vampiro?
- Des de los quince años. No te lo quería decir porque si no
hubieras huido de mí. ¿Y tú?
- Des de ayer. Tasté un líquido extraño, y no sé que pasó. ¿Papá
y mamá también son vampiros?
- No, ninguno de los dos.
- ¿Pero a ti cómo te pasó?
- Me mordió Anabel.
- ¿Anabel? ¿Es esa chica con la que saliste a los quince
años?
- Exacto. Mira, no le puedes contar a nadie esto.
Correríamos en riesgo. No lo entenderían.
- De acuerdo. Te lo prometo. Ahora vamos a cazar al bosque
de al lado.
- ¡Bien! Tenía hambre. Pero nunca he cazado.
- Yo te enseñaré. Pero recuerda: todo esto está prohibido
decirlo.
- Lo sé. Será nuestro secreto para siempre.
Mi hermano y yo ya teníamos algo en común. Ahora, había algo,
que nos tenía realmente juntos para siempre más. Y con todo lo sucedido comprendí,
que, una familia siempre tiene que estar unida.
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