Tiré la muestra y fui corriendo hacia casa. Pensé: “¿Ah si?
Pues, si soy un supuesto vampiro… Tendré que hacer cosas que hacen los
vampiros. Quiero convertirme en murciélago o correr ultra rápido”.
Sólo había un problema. No sabía como hacer todo esto. “Bien,
sólo me pondré a correr normal y ya esta”. Aceleré el paso pero no me notaba
con los pies en el suelo. Después ya estaba en casa, al cabo de dos segundos. “Al
cabo y al fin tampoco está tan mal ser inmortal” – pensé.
Eran las cinco de la madrugada. Entonces, llamaron a casa.
Bajé en un segundo por las escaleras y fui a abrir la puerta. Era mi hermano
Jan.
- ¿Cómo has abierto la puerta tan rápido? – me preguntó él.
- Emm… Es que estaba en el comedor, esperándote. – estaba buscando
excusas. Un momento… Cómo has venido tu tan rápido, si tu acabas de trabajar a
cinco de la madrugada. – comenté extrañada.
- Es que el director de la empresa no ha venido hoy a
trabajar, y han contractado a una substituta, y me han dicho que podía irme más
temprano – dijo él muy inseguro.
Comprobé que estaba muy nervioso, mirando todo el rato hacia
los lados, y también estaba muy pálido.
- Te encuentras bien? – le pregunté preocupada.
- Sí, como nunca. – dijo haciendo una sonrisa forzada. Sube
a tu habitación y ve a dormir ya que es muy tarde.
Recordé que no me había cepillado los dientes, y entré en el
baño sin llamar la puerta.
- Jan, me he olvidado de lavarme los dientes y vengo a…
Mi hermano mostró sus dientes puntiagudos, y se le pusieron
los ojos amarillos y rojos.
- ¡AAAAHHH! ¡AYUDA! – grité con todas mis fuerzas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario